CATEDRAL DE SALAMANCA
1 hora 30 minutosLa Catedral de Salamanca constituye un hito fundamental en la evolución histórica de la ciudad. La coexistencia de dos templos -la Catedral Vieja y la Nueva- adosados uno al otro, es algo excepcional, que muestra al visitante una parte importante de la evolución del arte de occidente a lo largo de unos seiscientos años.
La Catedral Vieja, dedicada a Santa María de la Sede, es un magnífico ejemplo de la arquitectura tardorrománica española. Su construcción comenzó en el siglo XII y concluyó en el XIII. Destacan su cimborrio de inspiración oriental, conocido como Torre del Gallo, y el extraordinario retablo de la capilla mayor, realizado a mediados del siglo XV por los hermanos Delli. Su claustro tuvo además el privilegio de albergar durante dos siglos la primera universidad española.
La Catedral Nueva, dedicada a la Asunción de la Virgen, está considerada una de las grandes catedrales góticas españolas, pese a que su construcción se prolongó durante docientos veinte años (1513–1733). En ella conviven el gótico tardío, el Renacimiento y el Barroco. Sobresalen su imponente cúpula barroca y el coro, uno de los conjuntos más destacados del barroco español.
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La Catedral Vieja de Salamanca constituye uno de los monumentos más importantes del patrimonio salmantino. La iniciativa de Raimundo de Borgoña y la infanta Urraca, apoyada por Alfonso VI y sus sucesores, permitió refundar la diócesis en la figura del obispo Jerónimo de Perigord y dotar al obispado de Salamanca de rentas y privilegios que facilitaron la construcción de la sede episcopal. Su construcción comenzó a mediados del siglo XII, en un momento en que la repoblación de la ciudad estaba ya consolidada y el arte románico alcanzaba su madurez. Bajo el impulso de obispos como don Berengario y el apoyo de los reyes leoneses, el templo fue levantándose lentamente hasta el siglo XIII, incorporando innovaciones que anunciaban la llegada del estilo gótico.
Aunque inicialmente el edificio se proyectó siguiendo los cánones románicos -planta de cruz latina, con tres naves y tres ábsides semicirculares-, pronto se introdujeron cambios que transformaron su estructura. Las bóvedas apuntadas, los arcos ojivales y los primeros ensayos de crucería muestran cómo los constructores experimentaron con nuevas soluciones técnicas. Uno de los elementos más llamativos es la Torre del Gallo, un cimborrio de influencia bizantina característico de la región del Duero. La solidez de sus muros y almenas le confirió un aspecto casi militar, y reforzó su papel como fortaleza, llegando a ser definida como fortis salmanticensi.
El claustro, iniciado en el siglo XII, conserva valiosos elementos medievales, aunque gran parte de su estructura resultó gravemente dañada por el Terremoto de Lisboa de 1755. Las galerías románicas fueron desmontadas durante la reforma emprendida por Jerónimo García de Quiñones en la segunda mitad del siglo XVIII. Los elementos que componían el claustro original quedaron amontonados en el patio y finalmente fueron vendidos; hoy pueden verse instalados en el jardín de una villa privada en Palamós (Gerona).
A pesar de su grandeza, la Catedral Vieja quedó visualmente eclipsada tras la construcción de la Catedral Nueva, que se alza a su lado con proporciones monumentales. Además, diversas reformas realizadas en los siglos XVII y XVIII alteraron su aspecto exterior, aunque aún se conservan rincones de enorme belleza, como los ábsides románicos visibles desde el Patio Chico o las almenas que coronan la nave central que evocan la solidez de un castillo medieval.
La Catedral Vieja de Salamanca es, en definitiva, un testimonio vivo de la evolución arquitectónica y espiritual de la ciudad. Su mezcla de tradición románica y experimentación gótica, unida a la riqueza de su escultura y pintura, la convierten en una obra única que sigue fascinando a quienes se acercan a contemplarla.
La Catedral Nueva La idea de construir un nuevo templo surgió a finales del siglo XV, cuando Salamanca experimentó un notable crecimiento demográfico impulsado, sobre todo, por el prestigio de su Universidad. La Catedral Vieja se consideraba entonces «pequeña, oscura y baja», y en un primer momento se planteó su demolición; sin embargo, finalmente se decidió conservarla. Ambas catedrales quedaron físicamente unidas y parte de la nave norte de la Catedral Vieja desapareció invadida por la estructura de la nueva catedral.
El edificio, concebido como un templo gótico, comenzó a levantarse por su fachada occidental en 1513, durante el episcopado de Francisco de Bobadilla. La dirección inicial recayó en Juan Gil de Hontañón, acompañado por Juan de Álava, y, tras ellos, se sucedieron distintos maestros mayores. Entre todos ellos destacó Rodrigo Gil de Hontañón, quien entre 1538 y 1560 elevó y cerró la nave central, diseñó la fachada y reorganizó partes esenciales del conjunto, dejando la obra prácticamente concluida hasta el crucero. Ese mismo año, el templo se cerró provisionalmente con un muro de ladrillo y se abrió al culto la parte ya construida.
A partir de entonces, el ritmo de las obras se ralentizó por falta de recursos. Además, surgió un debate sobre si mantener el estilo gótico inicial o adaptarse a las nuevas corrientes artísticas. Finalmente, se decidió conservar la estructura gótica, aunque se permitieron licencias en la ornamentación incorporarando elementos renacentistas, barrocos y neoclásicos. Uno de los cambios más significativos fue modificar la cabecera: en lugar de la girola y los ábsides poligonales previstos, se optó por un testero plano inspirado en modelos herrerianos como el de la Catedral de Valladolid.
A partir de 1714 entraron en escena los Churriguera, cuya huella barroca se aprecia especialmente en la nave central. El cimborrio original, diseñado por Joaquín Churriguera, quedó muy dañado tras el terremoto de Lisboa de 1755 y tuvo que ser sustituido por el actual cimborrio neoclásico, obra de Juan de Sagarbinaga. Alberto de Churriguera sustituyó a Joaquín cuando este falleció en 1724, destacando entre sus realizaciones los muros del coro y el tabernáculo de la capilla mayor, hoy desaparecido.
El terremoto afectó también al campanario, que quedó tan dañado que se planteó su demolición. Finalmente, el ingeniero Baltasar Devreton propuso una solución innovadora: reforzarlo con ocho grandes cadenas metálicas y revestirlo con un talud de piedra hasta el cuerpo de campanas. Gracias a ello, la torre sigue en pie, aunque conserva su característica inclinación. Cada 31 de octubre, la tradición del Mariquelo recuerda aquel suceso.
La catedral fue finalmente consagrada en 1733, tras 220 años de trabajos. Aunque su estructura responde al modelo gótico tardío, lo dilatado de la obra y la intervención de numerosos arquitectos hicieron que el edificio incorporara elementos renacentistas, barrocos y neoclásicos. En 1887 fue declarada Monumento Nacional y, en 1999, se protegió también su entorno.
La Catedral Nueva de Salamanca se levantó paralela a la Catedral Vieja, ocupando parte de su nave norte. Aunque fue concebida en estilo gótico, la larga duración de las obras —más de dos siglos— hizo que incorporara elementos renacentistas y barrocos. Su planta es de salón, con tres naves y dos líneas de capillas hornacinas situadas entre los contrafuertes. El interior, de 105 metros de largo por 50 de ancho, se sostiene sobre treinta y ocho pilares y presenta un notable escalonamiento en altura entre la nave central y las laterales.
Entre sus elementos más destacados figura el cimborrio. Los daños ocasionados por el terremoto de Lisboa motivaron la sustitución de la cúpula realizada por Joaquín de Churriguera por otra de estilo neoclásico que apoya sobre el tambor realizado por Churriguera, decorado con grandes relieves alusivos a la vida de la Virgen.
La construcción de la torre campanario se inició en la Edad Media como parte de la estructura de la Catedral Vieja; era una de las dos torres que flanqueaban su fachada principal. Más tarde se dobló su altura al añadirle un cuerpo barroco que acogió el campanario y la cúpula. Quedó muy dañada por el terremoto de Lisboa, por lo que tuvo que ser reforzada con un “forro” de piedra que ocultó la estructura medieval. De este episodio nació la tradición del Mariquelo, que cada 31 de octubre asciende a la torre para agradecer que nadie murió en la ciudad.
Las fachadas muestran una rica iconografía: la principal, en el hastial occidental, se organiza como un gran retablo con las escenas del Nacimiento y la Epifanía situadas sobre la puerta principal. LaPuerta de Ramos, en la fachada norte, representa la entrada de Jesús en Jerusalén En la restauración realizada en 1992 se añadieron figuras que llaman poderosamente la atención de quienes las contemplan, como un astronauta, un lince, un toro o un dragón con un helado.
En el interior destaca especialmente el coro, diseñado por Joaquín de Churriguera. Consta de dos cuerpos de asientos: el cuerpo inferior, con 41 sitiales, presenta relieves y medallones tallados con imágenes de vírgenes y santos; el cuerpo superior, con 57 asientos, decora sus tableros con representaciones de apóstoles y santos. La silla del obispo está ornamentada con la figura del Salvador. Conserva dos órganos de excepcional valor histórico: uno del siglo XVI y otro del XVIII. En el trascoro sobresalen las esculturas de San Juan Bautista y Santa Ana enseñando a leer a la Virgen, obras del escultor Juan de Juni.
La capilla mayor estuvo presidida originalmente por un monumental tabernáculo churrigueresco que no se ha conservado. Se cubre con una magnífica bóveda estrellada, policromada en tonos azules y dorados. En la actualidad la presiden una imagen de la Asunción, obra de Esteban de Rueda, y ocho figuras de los Padres de la Iglesia procedentes del antiguo tabernáculo de Churriguera. En el altar reposan las urnas de plata que guardan las reliquias de San Juan de Sahagún y Santo Tomás de Villanueva.
CAPILLAS LATERALES DE LA CATEDRAL NUEVA El perímetro interior de la Catedral Nueva está jalonado por numerosas capillas hornacinas, algunas de ellas en su día adquiridas por particulares y convertidas en espacios funerarios privados. Dada la magnitud del templo, el número de capillas y altares es muy elevado; por ello, nos centraremos en las más destacadas por su historia, su valor artístico o su relevancia devocional.
Capilla de San Lorenzo Es la primera capilla del lado sur y, además, el punto de acceso actual hacia la Catedral Vieja. Fundada en 1630 por Lorenzo Sánchez de Acebes está presidida por un retablo de un solo cuerpo con el relieve del martirio de San Lorenzo, atribuido a Antonio de Paz. Su ubicación estratégica la convierte en un espacio de tránsito entre ambas catedrales.
Capilla Dorada o de Todos los Santos Una de las capillas más espectaculares del templo. Fue mandada construir en 1515 por el arcediano Francisco Sánchez de Palenzuela y diseñada por Juan de Álava. Sus muros están recubiertos por más de 110 figuras del Antiguo y Nuevo Testamento. Preside el espacio un magnífico Calvario y un altar decorado con azulejos de Talavera. Fue consagrada como iglesia por lo que tiene púlpito, coro y sacristía bajo el pavimento. También alberga los sepulcros del fundador y otros miembros de su familia.
Capilla del Presidente Fundada en 1577 por Francisco Fernández de Liébana, presidente de la Real Audiencia y Chancillería de Valladolid. Su retablo principal presenta dos cuerpos: en el superior, la Aparición de Cristo Resucitado a la Virgen; en el inferior, un Entierro de Cristo de Fernández Navarrete.
El retablo de la la Capilla de San Bartolomé tiene en el ático una bellísima pintura de la Virgen con el Niño Jesús y San Juanito, atribuida a Luis de Morales. Aquí se venerael Cristo Yacente de la Misericordia, obra de Enrique Orejudo, de gran devoción en la Semana Santa salmantina.
El retablo de la Capilla de San José custodia una imagen de San José con el Niño debida a José de Larra, cuñado de los Churriguera. En au interior la capilla situada bajo la torre acoge una de las imágenes más relevantes de la catedral, La Piedad de Luis salvador Carmona. 5. Capilla del Cristo de las Batallas Aquí se conserva el Cristo de las Batallas, una talla románica de Cristo con cuatro clavos. Según la tradición, era la imagen que acompañaba al obispo Jerónimo y al Cid Campeador en sus campañas contra los musulmanes. El retablo que lo acoge es obra de Alberto de Churriguera (1734).
Capilla de la Soledad Presidida por una imagen de Nuestra Señora de la Soledad, obra de Mariano Benlliure.
En el crucero norte se encuentra el Cristo de la Agonía Redentora, una de las imágenes más impresionantes de la catedral: un Cristo Crucificado del siglo XV, anónimo, de extraordinario realismo anatómico. Procesiona cada Jueves Santo con la Real Cofradía del Cristo Yacente y de la Agonía Redentora.
Las sacristías Situadas al sur de la cabecera, son de las últimas dependencias construidas. Iniciadas por Manuel de Larra Churriguera y completadas por Juan de Sagarbinaga en el siglo XVIII, incluyen la Sacristía de Capellanes, la de Canónigos, la Sala Capitular y la casa del sacristán. Su decoración rococó destaca por los espejos con rocallas y el altar del testero con frontón semicircular.
La Catedral Vieja, aunque hoy quede visualmente relegada por la magnitud de la Catedral Nueva, conserva un valor histórico y artístico excepcional.
Su exterior ha sufrido numerosas transformaciones que han alterado su aspecto original: la fachada principal románica fue sustituida en 1679 por otra de estilo neoclásico sin especial relevancia artística. También cambiaron sus torres: una se integró como campanario de la Catedral Nueva y la otra, la Torre Mocha, fue recrecida a finales del siglo XVIII. Desde el Patio Chico se contempla una de las panorámicas más hermosas del románico español: los tres ábsides originales y la célebre Torre del Gallo, cimborio que combina influencias bizantinas y francesas. rematado por un gallo de metal que simboliza la vigilancia espiritual y la llegada de Cristo.
El acceso actual al templo se realiza desde la Catedral Nueva, descendiendo por una escalinata que salva el desnivel entre ambos edificios. El interior tiene una planta de cruz latina con tres naves y tres ábsides semicirculares. Aunque inicialmente se proyectó cubrir el templo con bóvedas de medio cañónfinalmente los presbiterios se cubrieron con bóvedas apuntadas y la nave central adoptó un sistema de sencillas bóvedas de crucería. Los arcos se hicieron ojivales y los pilares cruciformes se adaptaron añadiendo columnillas y salmeres disimulados con cabezas monstruosas para recibir los nervios. Las naves laterales y parte del transepto emplearon bóvedas cupuliformes reforzadas con nervaduras, siguiendo modelos aquitanos.
La Capilla de San Martín, situada bajo la torre de las campanas, conserva uno de los frescos más notables del siglo XIII, organizado como un altar pintado en torno a una hornacina y rodeado de ángeles, profetas y santos bajo arquitecturas fingidas. En el muro contiguo se conserva un Juicio Final del siglo XIV, de menor calidad, y en la misma capilla reposan los sepulcros de los obispos Rodrigo Díaz y Pedro Pérez.
El interior de la Catedral Vieja es un auténtico museo de escultura románica. Sus capiteles narran episodios bíblicos y morales con gran viveza: Sansón y el león, Adán y Eva, o caballeros enfrentados mientras un joven intenta imponer la paz, aludiendo a la Tregua de Dios. Bajo el cimborrio se conservan tres ángeles trompeteros del Juicio Final, y en el transepto derecho aparecen figuras de San Miguel, un obispo y un rey con nimbo cuadrado.
El Retablo Mayor de la Catedral Vieja de Salamanca, es una de las obras más destacadas de la pintura gótica española del mediados del siglo XV. Su autoría corresponde a los hermanos florentinos Dello, Sansón y Nicolás Delli, aunque el análisis estilístico revela la intervención de otros colaboradores de su taller.
El retablo consta de 53 tablas distribuidas en cinco filas y once calles. Las escenas narran la vida de Cristo siguiendo el Nuevo Testamento, ordenadas de abajo arriba y de izquierda a derecha. Preside hoy el retablo la Virgen de la Vega, patrona de Salamanca, procedente del antiguo monasterio agustino de la Vega, situado junto al Tormes. Es una imagen románica de finales del siglo XII, de tipo bizantino, rígida y frontal, con Niño sobre las rodillas y rica decoración de esmaltes y cabujones. Es una de las piezas más valiosas del románico español.
El conjunto aparece coronado por la pintura que representa el Juicio Final, contratada en 1445 con Nicolás Florentino. La escena aparece presidida por la figura de Cristo-Juez, situado en el centro de la imagen La mandorla románica ha sido sustituida por un coro de ángeles que portan, los símbolos de la Pasión, y está flanqueada por las figuras arrodilladas de la Virgen y San Juan Butista. En la parte inferior está la Resurrección de los muertos, donde se separan los condenados de los elegidos, siendo los primeros conducidos al infierno por horribles demonios, para ser fagocitados en las fauces de un enorme dragón situado en el lado derecho de la imagen.
El presbiterio y el brazo sur del crucero conservan una serie excepcional de sepulcros de personajes relevantes de la historia de Salamanca, como el de don Fernando Alonso, hijo natural de Alfonso IX, o los de los obispos Sancho de Castilla y Gonzalo de Vivero. En el crucero sur destacan el sepulcro del arcediano de Ledesma Diego Garci López, con la Cabalgata de los Reyes Magos; el de doña Elena, con plañideras y la ascensión de su alma al cielo portada por ángeles; y el del deán Alonso Vidal, ricamente decorado con motivos mudéjares, escenas de la Epifanía y la Presentación de Jesús en el Templo. A este conjunto se suman pinturas murales descubiertas en el siglo XX, relacionadas con la Resurrección y el Juicio Final.
Finalmente, dos órganos realejos del siglo XVI, restaurados en el siglo XX, completan la riqueza del templo. El más notable es el Órgano de Salinas, decorado con paneles tallados y policromados, entre ellos un magnífico Árbol de Jesé.
EL CLAUSTRO DE LA CATEDRAL VIEJA El claustro de la Catedral Vieja sufrió graves daños a raíz del terremoto de Lisboa de 1755, lo que obligó a una profunda reconstrucción en 1785 dirigida por Jerónimo García de Quiñones. Durante aquella intervención se tapiaron numerosos arcos y sepulturas medievales, alterando de forma notable su aspecto original. Ya en 1902, el arquitecto Repullés y Vargas intentó restituir, en la medida de lo posible, su fisonomía primitiva. En torno al claustro se abren varias capillas de gran interés histórico y artístico, entre las que destacan las siguientes:
Capilla de Talavera Es la capilla más antigua del conjunto y la primera sede capitular. Su bóveda ochavada, sostenida sobre trompas y recorrida por nervios que dibujan una estrella de ocho puntas, constituye una de las estructuras más singulares de la catedral.
En 1510, el doctor Rodrigo Arias Maldonado dotó la capilla para la celebración del rito mozárabe, privilegio que solo compartía con la capilla fundada por Cisneros en Toledo. El retablo combina una refinada imagen mariana del siglo XIV con pinturas manieristas del círculo de Alonso Berruguete. En una vitrina se conserva el pendón de los Comuneros, descendiente del fundador.
Capilla de Santa Bárbara Fundada en el siglo XIV por el obispo Juan Lucero, presenta un retablo presidido por una imagen de la santa del siglo XVI, acompañada por tablas que narran su martirio y diversas escenas de la Pasión. El frontal del altar es una destacada pieza de cerámica de Talavera. El obispo fundador yace en el centro de la capilla, rodeado por pinturas murales de época que completan su programa iconográfico.
Este espacio desempeñó un papel fundamental en la vida universitaria: aquí se realizaban los exámenes para la obtención de grados, con los catedráticos sentados en una sillería perimetral y el aspirante en un sillón frailero situado a los pies de la tumba del obispo. Si aprobaba, salía triunfalmente por la catedral; si no, debía abandonar el recinto por la llamada “puerta de los carros”. Durante siglos fue también el lugar donde se elegía y proclamaba al rector de la Universidad.
Junto a esta capilla se encuentran las Salas Capitulares Nuevas, construidas en 1526. Su puerta destaca por los finos grutescos y relieves de santos tallados por Juan de Angers. Desde 1953 albergan el Museo Diocesano, que reúne parte del patrimonio artístico de la diócesis.
Capilla de Santa Catalina Fue ampliada y reformada a lo largo de los siglos. En origen constaba únicamente del primer tramo, con cabecera poligonal orientada al este y lucillos sepulcrales a los pies. En el siglo XV se amplió para acoger la magnífica biblioteca del obispo Gonzalo de Vivero. Posteriormente se utilizó como aula universitaria, teatro para representaciones sacras, aula de música y espacio para las colaciones y refrigerios de los grados.
Se cubre con una hermosa y original bóveda de crucería estrellada cuyas claves policromadas representan ángeles y las imágenes de Cristo Resucitado, la Asunción de la Virgen y Santa Catalina. En el muro occidental se reubicaron en el siglo XIX varios arcosolios funerarios procedentes de la desaparecida iglesia de San Isidoro.
Capilla de Anaya o de San Bartolomé Concebida en 1422 por el arzobispo Diego de Anaya como panteón familiar, es un espacio gótico de planta rectangular con testero ochavado y bóvedas de crucería. En sus muros se alinean varios arcosolios que albergan los sepulcros de distintos miembros de la familia.
El sepulcro central, el del propio Diego de Anaya, es la pieza más sobresaliente del conjunto. Realizado en alabastro y sostenido por leones, presenta una rica iconografía: Cristo y los Apóstoles en un lateral, la Virgen con doce santas en el otro, un Calvario en la cabecera y ángeles portando sus armas a los pies. La figura yacente aparece con mitra, casulla, báculo y un libro abierto, rodeada de símbolos de vigilancia, energía y fidelidad. Esta obra, atribuida al llamado Maestro de los Anaya, es una de las mejores muestras del gótico hispano con influencias ítalo‑borgoñonas. El túmulo se protege con una magnífica reja gótica con detalles platerescos incipientes, aunque su autoría sigue siendo discutida.
El órgano gótico, hoy sin sus tubos metálicos, está considerado uno de los más antiguos de Europa. Se apoya sobre una tribuna de carpintería mudéjar decorada con lazos y mocárabes.
El Museo Catedralicio de Salamanca está instalado desde 1953 en las Salas Capitulares Nuevas (1526). Las puertas de acceso están decoradas con bellos relieves renacentistas de Juan de Angers. La mayoría de sus piezas proceden de la propia Catedral, aunque también conserva obras llegadas de distintas parroquias de la diócesis. Reúne esculturas y pinturas cuya cronología se extiende desde el siglo XIII al XVIII.
PRIMERA SALA: La visita se inicia con una selección de obras de los siglos XIII al XV. Las piezas expuestas muestran cómo fueron cambiando los lenguajes visuales de la espiritualidad cristiana desde el románico tardío hasta el pleno Renacimiento.
Encontramos, en primer lugar, la escultura de San Nicolás de Bari (s.XV), procedente seguramente de la capilla de San Nicolás de la Catedral Vieja. San Nicolás fue una figura muy venerada en Europa y se considera el origen remoto del personaje de Santa Claus. A continuación se presentan cuatro tablas dedicadas a la vida de San Bernabé.
Una pieza especialmente interesante es un tríptico anónimo, de finales del siglo XIV o comienzos del XV, en el que aparecen San Ivo, San Antonio de Padua y San Clemente. Cada uno representa un modelo de santidad medieval -el jurista, el predicador y el alto eclesiástico-, que servirían de referencia para profesores y clérigos de la Universidad.
La sala reúne también esculturas de gran delicadeza, como el Santiago peregrino de alabastro (siglo XV), estrechamente vinculado a la tradición jacobea de Salamanca o la Virgen Abridera de mediados del siglo XIII. Se trata de una de las piezas más singulares del museo. Una imagen tallada en madera de peral que se abre como un pequeño tríptico para mostrar escenas de la vida de María realizadas en marfil. Se cree de procedencia francesa y representa un excepcional de devoción privada medieval.
El recorrido culmina con la Virgen de la Seo (siglo XIV), una escultura en arenisca de clara influencia francesa que originalmente ocupó el lugar donde hoy se encuentra la Virgen de la Vega en el retablo de la Catedral Vieja. El Niño porta un libro y un pájaro, símbolos del Evangelio y de la resurrección, que refuerzan el profundo carácter teológico de la obra.
IN SONNO PACIS: EL ARTE PARA ACOMPAÑAR A LOS DIFUNTOS La segunda parte del museo, In sonno pacis (“En el sueño de la paz”), está dedicada al arte funerario de la Catedral Vieja. La sala luce un magnífico artesonado del siglo XVI y reúne obras creadas para decorar los antiguos arcosolios funerarios del claustro:
- El Llanto sobre Cristo muerto muestra el momento en que Jesús es bajado de la cruz, rodeado por José de Arimatea, Nicodemo y las santas mujeres.
- El Tríptico de Juan de Flandes (1504–1506), una de las grandes joyas de la pintura hispano‑flamenca, presenta en la tabla central a San Miguel arcángel venciendo al dragón. A ambos lados, en las alas laterales, se representan las figuras de Santiago y de San Francisco de Asís. La predela muestra una emotiva escena de la Piedad, acompañada por las imágenes de San Pedro y San Pablo.
- La Virgen de la Leche ,de la segunda mitad del XVI, muestra a María amamantando al Niño acompañada de dos ángeles que tañen laúd y pandereta.
El museo reúne una magnífica selección de obras de Fernando Gallego y de su escuela, realizadas en la segunda mitad del siglo XV. Considerado uno de los máximos representantes del arte hispanoflamenco en Castilla, Gallego es también reconocido como el autor del célebre Cielo de Salamanca.
• El Tríptico de la Virgen de la Rosa lleva la firma de Fernando Gallego en la tabla central, en la que se representa a María entregando una rosa balnca a su hijo. En las tablas laterales figuran San Andrés y San Cristóbal. Se trata de una de las obras más importantes de Gallego en la que que las influencias flamencas son patentes en los múltiples detalles y simbolismos marianos —perlas, cristal, rosa blanca— que aluden a la pureza, la encarnación y la pasión de Cristo.
- La Natividad, también de Fernando Gallego, procedente del retablo del Campo de Peñaranda.
- Las tablas de laEpifanía y San Andrés, se han artibuido a Francisco Gallego.
La última sala del piso bajo está presidida por el gran Tríptico de Santa Catalina encargado para su capilla en 1499. La obra narra en paralelo el martirio de la santa y la pasión de Cristo, y destaca por su detallismo, su simbolismo y la recreación de la moda de la época. La predela muestra las figuras de San Pedro, San Pablo, San Gregorio y San Jerónimo.
En las paredes laterales cuelgan las ocho pinturas sobre sarga que Pedro Bello, discípulo de Gallego, realizó para las portezuelas del Tríptico de Santa Catalina.
En esta sala se expone la Virgen del Pópolo (1533), copia de un icono romano, que fue encargado para el sepulcro Pedro Imperial, situado en la Capilla de Santa Catalina.
SALA ALTA La Sala Alta conserva la espectacular maqueta del tabernáculo proyectado en 1790 por Manuel Martín Rodríguez para la capilla mayor de la Catedral Nueva que nunca llegó a construirse. La maqueta muestra un templete clasicista monumental, con columnas corintias, sagrarios, gradas y una cúpula coronada por la figura de la Fe.
La sala también reúne retratos de obispos que marcaron momentos clave en la historia de la Catedral Nueva:
- Sancho Granados, que la consagró en 1733.
- Padre Cámara, impulsor de importantes restauraciones.
- Barbado Viejo, que guió la diócesis durante el Concilio Vaticano II.