COLEGIO MAYOR FONSECA
30 minutosEl Colegio del Arzobispo Fonseca fue fundado por Alonso de Fonseca, arzobispo de Santiago y de Toledo, antiguo estudiante de la Universidad de Salamanca y destacado mecenas del renacimiento. Las obras comenzaron en 1521 bajo la dirección de algunos de los arquitectos más destacados de la época, como Diego de Siloé, Juan de Álava, Rodrigo Gil de Hontañón y Alonso de Covarrubias. En 1557 se añadió la Hospedería, que a lo largo de los siglos tuvo diversos usos, incluido el de Facultad de Medicina.
El edificio es una de las joyas del Renacimiento español. Destacan su portada presidida por el medallón de Santiago en la Batalla de Clavijo, la capilla con retablo de Berruguete y el elegante patio central. En el siglo XIX el colegio acogió a clérigos irlandeses, que residieron allí hasta 1936. Durante la Guerra Civil, el edificio fue sede de la embajada alemana.
En el siglo XX, bajo los rectores Madruga y Tovar, el Colegio y la Hospedería pasaron a formar parte del patrimonio de la Universidad de Salamanca. Hoy funciona como residencia universitaria para profesores e invitados y como sede de congresos, encuentros y actos institucionales.
Alonso de Fonseca III fue uno de los personajes más influyentes del siglo XVI en España. Hijo de Alonso de Acevedo II y de María de Ulloa, señora de Cambados, estudió en la Universidad de Salamanca, donde comenzó una carrera eclesiástica meteórica. Con solo 33 años, tras la renuncia de su padre al arzobispado, fue nombrado arzobispo de Santiago de Compostela. Más tarde ejerció como Capellán Mayor de los Reyes Católicos y, gracias a su buena relación con Carlos V, llegó a ocupar el arzobispado de Toledo, el cargo eclesiástico más prestigioso del reino. Murió en 1534 en Alcalá de Henares, aunque sus restos fueron trasladados a Salamanca, donde descansan en la capilla del Colegio que él mismo fundó.
Además de su papel político y religioso, Fonseca destacó como uno de los grandes mecenas de su tiempo. Impulsó importantes obras artísticas en Santiago de Compostela y Toledo, pero fue en Salamanca donde dejó su huella más profunda. Aquí continuó la labor iniciada por su padre en el convento de las Úrsulas encargando a Diego de Siloé el sepulcro paterno y a Juan de Borgoña el retablo de la iglesia.
Su proyecto más ambicioso fue la fundación del Colegio de Santiago el Cebedeo, más conocido como Colegio del Arzobispo o Colegio de los Irlandeses. Lo concibió como un centro benéfico y universitario destinado a estudiantes sin recursos, y lo convirtió en heredero universal de sus bienes, incluida su valiosa biblioteca. Con el tiempo, el edificio también se convirtió en el lugar elegido para su sepultura. Aunque estaba pensado para solo veintidós colegiales —más tarde reducidos a trece—, el complejo acogía capellanes, personal de servicio y otros residentes que formaban una pequeña comunidad.
La construcción del colegio comenzó antes de su aprobación oficial por el papa Clemente VII en 1525. Ya en 1518 los franciscanos habían cedido el solar, y en 1519 se levantaban las primeras estructuras. No existe consenso sobre el autor del proyecto: algunos lo atribuyen a Juan de Álava y otros a Diego de Siloé, considerando a Álava ejecutor de determinadas partes del edificio. También se menciona la posible intervención de Alonso de Covarrubias.
Al norte del colegio se levantó en 1558 la primera hospedería, ampliada y trasformada a finales del siglo XVIII. La fachada actual de la hospedería se rehízo en 1740 según diseño de Alberto de Churriguera, aunque la ejecución correspondió a Andrés García de Quiñones. Originalmente, estaba destinada a alojar a los colegiales que, tras concluir sus estudios, permanecían en Salamanca a la espera de obtener un cargo o destino en la administración. En 1901 el edificio pasó a albergar dependencias de la Facultad de Medicina y, en 1925, se añadió el anfiteatro anatómico, obra de Santiago Madrigal.
Tras la clausura de los colegios universitarios, el edificio pasó por diversas funciones. En 1801, durante la Guerra de las Naranjas, fue utilizado como hospital militar francés, y poco después se convirtió en Hospital General.Tras la Guerra de la Independencia, el inmueble fue ocupado por los estudiantes irlandeses, ya que el Colegio de Nobles Irlandeses de San Patricio había quedado destruido durante el conflicto. Durante la Guerra Civil, y en concreto, de junio de 1937 a mayo de 1939, el Colegio fue la sede de la embajada alemana.
Gracias a las gestiones del rector Esteban Madruga, la Universidad logró recuperar el edificio en 1936, cuando los estudiantes irlandeses abandonaron definitivamente la ciudad. Una vez restaurado, el edificio se destinó a residencia de profesores universitarios, invitados y visitantes ilustres. Sus espacios se adaptaron a las necesidades modernas, pero siempre respetando y preservando el carácter histórico del conjunto.
Planimetría y fases constructivas La estructura del colegio responde al modelo habitual de las instituciones docentes de la época: un edificio exento, de planta cuadrangular, con patio central en torno al cual se disponen la capilla, el zaguán, el general, la biblioteca, la rectoral, el comedor y las habitaciones de los colegiales.
La construcción del conjunto puede dividirse en tres fases principales:
- 1521–1534: levantamiento del colegio y de la capilla primitiva.
- A partir de 1540: ampliación de la capilla con crucero y nueva cabecera para albergar la tumba de Fonseca.
- 1558: construcción de la primera hospedería, que posteriormente sufriría diversas modificaciones.
La fachada del colegio La fachada principal posee un elevado atrio que, si bien existe debido al desnivel del terreno, lo cierto es que otorga relevancia a la parte más noble e importante del edificio. Este atrio tiene una altura de dos metros sobre el nivel de la calle y ocupa todo el frente, desde el crucero de la iglesia hasta la esquina Oeste, donde hubo una rampa. En el tramo correspondiente a la portada hay un acceso por medio de dos escaleras paralelas. Bordea el atrio una serie de columnas de granito, constituyéndose en una especie de lonja con cadenas, elemento simbólico que (como las almenas) era muy común en los edificios de jurisdicción especial, como los colegios y universidades.
El edificio marca un hito en la evolución del plateresco salmantino, introduciendo novedades como el uso de la puerta adintelada, en sustitución del tradicional arco empleado en la mayor parte de los monumentos. Asimismo, la combinación de materiales —la arenisca dorada de Villamayor y el granito gris— genera un atractivo contraste cromático.
El primer cuerpo de la portada presenta un gran dintel monolítico sostenido por grandes jambas de granito, flanqueados por pares de columnas adosadas y acanaladas de orden jónico. Entre ellas se despliega una filacteria ondulante que cae de la boca de un león. Uno de los entablamentos que separa ambos cuerpos de la fachada se adorna con tres conchas jacobeas cruzadas con bordones y cayados que anuncian la advocación santiaguista del edificio.
El segundo cuerpo, organizado en torno a una ventana, muestra una decoración más rica que el inferior. La ventana descansa sobre dos cuernos de la abundancia que sostienen medallones con blasones que muestran los cinco luceros del apellido del fundador. A ambos lados, dos pares de columnas de menor tamaño albergan las imágenes de San Ildefonso (izquierda) y San Agustín (derecha). La fachada culmina con un gran medallón central que representa a Santiago en la Batalla de Clavijo, sostenido por genios alados.
Zaguán De planta cuadrada, desde él se accede a la iglesia, al patio y al antiguo General del Colegio —hoy salón‑cafetería de los residentes—. Se cubre con una bóveda gótica de combados, con claves bellamente decoradas. La puerta de la capilla se organiza como un arco de triunfo con exuberante decoración plateresca de querubines, medallones y seres fantásticos que delatan la intervención de Juan de Álava.
Capilla Tiene planta de cruz latina y una única nave. Fue realizada en dos fases: la más antigua se corresponde con la nave, levantada en 1527, con dos tramos cubiertos de bóvedas de crucería estrellada con combados. En la segunda etapa (1540-49) interviene Rodrigo Gil de Hontañón. Se añadirán la cabecera plana con crucero sobre el que se alza el cimborrio, bajo el que se situó la tumba del fundador -hoy desaparecida- Se ilumina por dos vanos que abarcan prácticamente toda la altura. Son dos ventanas apuntadas, muy estrechas y largas. El pequeño coro de los pies, obra de forja de hierro,es ya del siglo XVIII.
En 1529 se encargó a Alonso de Berruguete el retablo para la primera fase de la capilla por lo que probablemente tuvo que ser adaptado al trasladarse a su ubicación actual. En su estructura plateresca se combinan relieves, esculturas de bulto y tablas pintadas.
El patio Es uno de los patios más bellos y armoniosos del renacimiento español. Obra de Juan de Álava, según trazas de Siloé. Tiene planta cuadrada, de 40 m. de lado, con dos pisos de galerías formadas por ocho arcos en cada lado. El cuerpo inferior lleva arcos de medio punto, mientras que en el superior son carpaneles, con una altura sensiblemente menor, que descansan sobre pilares con columnas adosadas. Completan la decoración del patio las balaustradas del piso superior, de diferente traza en cada crujía; con tondos heráldicos de Fonseca en los tramos centrales. La cornisa remata en candeleros con niños desnudos, que contrarrestan la marcada horizontalidad del conjunto.
Las enjutas de los arcos se decoran con una magnífica serie de 128 medallones, que parecen representar personajes bíblicos, mitológicos e históricos, que por sus destacadas virtudes de valor, inteligencia o santidad eran dignos de ser emulados. En los lados norte y sur se abren dos monumentales escaleras claustrales que comunican ambas plantas.
Al norte del colegio se construyó en 1558 la primera hospedería, en origen destinada a alojar a los colegiales que ya habían concluido sus estudios y se hallaban a la espera de ser colocados en las administración del estado o de la iglesia. Ampliada a finales del siglo XVIII, la fachada actual fue rehecha en 1740 según diseño de Alberto de Churriguera, aunque ejecutada por Andrés García de Quiñones. Es un edificio barroco articulado en torno a un patio y que actualmente aloja el Centro de Posgrado, Formación Continua y Actividades Culturales de la Universidad de Salamanca.
Con el nombre de La medida del Tiempo, el Colegio Fonseca alberga de manera permanente una colección de relojes populares fabricados entre 1800 y 1925, situada en uno de los pasillos que dan acceso a las habitaciones. La muestra pertenece a Andrés Santiago Zarzuelo, un apasionado coleccionista que adquiría relojes en mercadillos europeos y los restauraba personalmente.
Ofrece un recorrido por la historia del uso del reloj durante el siglo XIX, un periodo clave en la evolución de sus mecanismos, en la que se generalizó el reloj mecánico y la fabricación artesanal dio paso a la producción en serie. La exposición reúne 144 relojes de gran variedad de modelos —murales, de sobremesa, de pie o despertadores— y de estilos muy diversos (Romántico, Luis XVI, Isabelino, Segundo Imperio, Biedermeier o Victoriano). Destacan también varias series especialmente importantes, como los conocidos “ojos de buey” y los relojes “Morez”, que permiten apreciar la evolución técnica y estética de la relojería popular.