MIRADOR SCALA COELI
30 minutos
La Ruta de los Miradores de Salamanca permite descubrir la ciudad desde múltiples ángulos, revelando su belleza y riqueza histórica. Uno de los más destacados es el Mirador Scala Coeli, situado en las Torres de la Clerecía.
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Precio visita libre
- Individual - 3.75 €
- Grupos - 3.25 €
- Niños (Edad máxima: 12) - 0.00 €
El Colegio Real del Espíritu Santo fue fundado a principios del siglo XVII por los reyes de España, Felipe III y Margarita de Austria. El arquitecto elegido para realizar la obra fue Juan Gómez de Mora, arquitecto real de Felipe III. La construcción comenzó en 1617 y se prolongó durante más de ciento cincuenta años. El resultado fue un conjunto arquitectónico de excepcional magnitud, considerado una obra maestra del barroco europeo. La configuración definitiva del edificio se hará en el siglo XVIII, cuando el arquitecto Andrés García de Quiñones culmine la fachada de la iglesia, añadiendo las torres y la espadaña con el relieve de Pentecostés. Durante este período se añadirán el claustro principal, la escalera noble y el General de Teología, espacio que hoy alberga el Paraninfo de la Universidad Pontificia.
Tras la expulsión de los jesuitas en 1767, el edificio se dividió en tres partes. La iglesia y la sacristía fueron entregadas a la Real Clerecía de San Marcos, dando origen a su nombre actual. El ala meridional, organizada en torno al claustro de la comunidad, fue destinada a los estudiantes irlandeses. En la actualidad, ese claustro alberga la biblioteca Vargas Zúñiga. El colegio, estructurado alrededor del claustro principal, pasó a convertirse en la sede del Seminario Conciliar. Durante el siglo XIX, y especialmente durante la Guerra de la Independencia, el edificio fue utilizado en numerosas ocasiones como cuartel y hospital de sangre por las tropas acantonadas en la ciudad. Posteriormente, retomó su función como seminario y, desde 1940, se convirtió en la sede principal de la Universidad Pontificia de Salamanca.
Aunque la iglesia fue consagrada en 1665 el último cuerpo de la fachada quedó sin concluir. La fecha de 1754, que aparece grabada en el reverso del pedestal de la Virgen que corona la espadaña, informa del año en que se finalizaba esta obra. El arquitecto Quiñones colocó aquí las torres que había diseñado para la fachada del Ayuntamiento en la Plaza Mayor y que nunca llegó a realizar. Se conserva la bellísima maqueta de madera en la que se observan las similitudes, pero también las diferencias, con las de la Clerecía ya que Quiñones diseñó nuevas torres para la Iglesia del Espíritu Santo (Clerecía), con dos cuerpos octagonales superpuestos. En las esquinas del segundo cuerpo colocó obeliscos precedidos de estatuas que representan a los Doctores de la Iglesia, santos de la compañía y Virtudes Teologales y Cardinales.
Desde el año 2012 se puede subir a las torres de la Iglesia de la Clerecía. El recorrido se denomina Scala Coeli («Escalera al cielo»). El ascenso se realiza por el interior de la torre norte. A través de la primitiva escalera de madera se llega a la tribuna situada sobre las capillas del lado de la epístola. Desde un balcón abierto se ve el Retablo Mayor de la iglesia. Continuando el recorrido, la escalera asciende zigzagueando pegada a los muros de la caja de la escalera hasta llegar a las torres. El paseo por las torres es una experiencia única que nos permite descubrir espectaculares panorámicas de la ciudad.
Tras la expulsión de los jesuitas en 1767, el edificio se dividió en tres partes. La iglesia y la sacristía fueron entregadas a la Real Clerecía de San Marcos, dando origen a su nombre actual. El ala meridional, organizada en torno al claustro de la comunidad, fue destinada a los estudiantes irlandeses. En la actualidad, ese claustro alberga la biblioteca Vargas Zúñiga. El colegio, estructurado alrededor del claustro principal, pasó a convertirse en la sede del Seminario Conciliar. Durante el siglo XIX, y especialmente durante la Guerra de la Independencia, el edificio fue utilizado en numerosas ocasiones como cuartel y hospital de sangre por las tropas acantonadas en la ciudad. Posteriormente, retomó su función como seminario y, desde 1940, se convirtió en la sede principal de la Universidad Pontificia de Salamanca.
Aunque la iglesia fue consagrada en 1665 el último cuerpo de la fachada quedó sin concluir. La fecha de 1754, que aparece grabada en el reverso del pedestal de la Virgen que corona la espadaña, informa del año en que se finalizaba esta obra. El arquitecto Quiñones colocó aquí las torres que había diseñado para la fachada del Ayuntamiento en la Plaza Mayor y que nunca llegó a realizar. Se conserva la bellísima maqueta de madera en la que se observan las similitudes, pero también las diferencias, con las de la Clerecía ya que Quiñones diseñó nuevas torres para la Iglesia del Espíritu Santo (Clerecía), con dos cuerpos octagonales superpuestos. En las esquinas del segundo cuerpo colocó obeliscos precedidos de estatuas que representan a los Doctores de la Iglesia, santos de la compañía y Virtudes Teologales y Cardinales.
Desde el año 2012 se puede subir a las torres de la Iglesia de la Clerecía. El recorrido se denomina Scala Coeli («Escalera al cielo»). El ascenso se realiza por el interior de la torre norte. A través de la primitiva escalera de madera se llega a la tribuna situada sobre las capillas del lado de la epístola. Desde un balcón abierto se ve el Retablo Mayor de la iglesia. Continuando el recorrido, la escalera asciende zigzagueando pegada a los muros de la caja de la escalera hasta llegar a las torres. El paseo por las torres es una experiencia única que nos permite descubrir espectaculares panorámicas de la ciudad.
VISTAS DEL MIRADOR SCALA COELI
Coronar la subida de las Torres de la Clerecía es una experiencia visual difícil de describir. El espectador queda realmente impresionado ante el esplendor de la arquitectura y decoración barroca que nos rodea. Lo primero que atrae nuestra atención es el propio edificio. El primer plano apabulla. Desde la torre norte tenemos una nueva percepción del Colegio Real de la Compañía de Jesús. Bajo nuestros pies tenemos el impresionante Claustro de Estudios, una obra magistral del barroco español. Sobre el claustro se alza el Pabellón norte, una inmensa galería porticada de más de cien metros de longitud, que cierra el edificio por su flanco norte.
Girando la vista vemos la gran cúpula de la iglesia que se alza sobre el crucero. Una gruesa chapa de plomo le dota de ese peculiar color grisáceo. Desde aquí apenas se aprecia la inclinación de la linterna, tan evidente desde otras perspectivas.
Desde uno de los balcones vemos a su hermana gemela, la torre sur. Dada la proximidad podemos apreciar todos los detalles de su bellísima decoración. No podemos dejar de preguntarnos porqué invirtieron tanto trabajo y dedicación para un espacio solo accesible a los campaneros. Si te fijas en la peana que soporta la imagen de la Virgen podrás ver la inscripción “1754”, que nos informa de la fecha en la que se remataba la iglesia. Habían pasado 137 años desde que se inició la obra. Una pasarela situada en la base de la espadaña permite acceder a la torre sur. Desde este balcón tenemos frente a la nosotros de nuevo la cúpula, hogar de varias familias de cigüeñas que tienen aquí sus nidos con sus crías, a las que no parece molestar la presencia de los visitantes.
Desde las Torres de la Clerecía tenemos una visión de 360º. Cuatro balcones en cada una de las torres permiten otear la ciudad en dirección a los cuatro puntos cardinales:
Hacia el sur: vemos, en primer lugar, el Colegio Mayor de Anaya y la cúpula octogonal de Iglesia de San Sebastián. Entre el colegio y la catedral sobresalen los grandes cedros de la Plaza de Anaya. La Catedral Nueva domina la panorámica, destacando su gran cúpula y la Torre Campanario, la más alta de la ciudad. Hasta lo alto del campanario sube cada 31 de octubre el Mariquelo en acción de gracias porque nadie murió en Salamanca con el Terremoto de Lisboa en 1755. El Mirador de Ieronimus, situado en las torres de la Catedral de Salamanca, es otro de los puntos clave para contemplar la ciudad desde las alturas. Continuando nuestro recorrido visual vemos la secuoya del claustro del Edificio Histórico de la Universidad (Escuelas Mayores) situada delante de la espadaña de la capilla universitaria. Nuestro recorrido acaba en la gran cúpula de la Iglesia de la Clerecía.
Hacia el norte: La mirada se desliza hacia el Claustro de los Estudios, que se extiende a nuestros pies con su dinámica arquitectura. Detrás del imponente pabellón norte de la Universidad Pontificia, que se alarga por más de cien metros, se despliega una sucesión de monumentos de gran riqueza patrimonial. De izquierda a derecha, destacan la fachada y el cimborrio del Colegio Mayor del Arzobispo Fonseca, la elegante cúpula barroca de la Iglesia de la Purísima, el sobrio ábside gótico del Convento de las Úrsulas y la Iglesia de San Benito. Hacia el noreste, sobresalen la monumental fachada del Ayuntamiento de Salamanca y el campanario de la Iglesia de San Martín de Tours, completando un paisaje urbano de gran riqueza histórica.
Hacia el Este: bajo nuestros pies, se despliega una imagen singular del patio de la Casa de las Conchas visto desde las alturas. Más allá, una mancha verde de arbolado señala la ubicación de la Plaza de Colón, punto de referencia en el paisaje urbano. En torno a ella, destacan la robusta Torre del Clavero, la Iglesia de San Pablo y las dos torres casi gemelas del Palacio de Orellana y de la Torre de los Anaya.
Hacia el sureste: la Calle Palominos nos guía visualmente hasta el majestuoso Convento de San Esteban. Desde esta panorámica, se aprecia en su totalidad la imponente iglesia, con su elegante cimborrio, obra de Rodrigo Gil de Hontañón, y la espléndida fachada esculpida por Juan de Álava. En la escena, asoma detrás una de las torres del Colegio de Calatrava, mientras que, en primer plano, el Convento de las Dueñas deja entrever la delicada galería de su claustro alto, añadiendo un toque de misterio y belleza al conjunto arquitectónico.
Coronar la subida de las Torres de la Clerecía es una experiencia visual difícil de describir. El espectador queda realmente impresionado ante el esplendor de la arquitectura y decoración barroca que nos rodea. Lo primero que atrae nuestra atención es el propio edificio. El primer plano apabulla. Desde la torre norte tenemos una nueva percepción del Colegio Real de la Compañía de Jesús. Bajo nuestros pies tenemos el impresionante Claustro de Estudios, una obra magistral del barroco español. Sobre el claustro se alza el Pabellón norte, una inmensa galería porticada de más de cien metros de longitud, que cierra el edificio por su flanco norte.
Girando la vista vemos la gran cúpula de la iglesia que se alza sobre el crucero. Una gruesa chapa de plomo le dota de ese peculiar color grisáceo. Desde aquí apenas se aprecia la inclinación de la linterna, tan evidente desde otras perspectivas.
Desde uno de los balcones vemos a su hermana gemela, la torre sur. Dada la proximidad podemos apreciar todos los detalles de su bellísima decoración. No podemos dejar de preguntarnos porqué invirtieron tanto trabajo y dedicación para un espacio solo accesible a los campaneros. Si te fijas en la peana que soporta la imagen de la Virgen podrás ver la inscripción “1754”, que nos informa de la fecha en la que se remataba la iglesia. Habían pasado 137 años desde que se inició la obra. Una pasarela situada en la base de la espadaña permite acceder a la torre sur. Desde este balcón tenemos frente a la nosotros de nuevo la cúpula, hogar de varias familias de cigüeñas que tienen aquí sus nidos con sus crías, a las que no parece molestar la presencia de los visitantes.
Desde las Torres de la Clerecía tenemos una visión de 360º. Cuatro balcones en cada una de las torres permiten otear la ciudad en dirección a los cuatro puntos cardinales:
Hacia el sur: vemos, en primer lugar, el Colegio Mayor de Anaya y la cúpula octogonal de Iglesia de San Sebastián. Entre el colegio y la catedral sobresalen los grandes cedros de la Plaza de Anaya. La Catedral Nueva domina la panorámica, destacando su gran cúpula y la Torre Campanario, la más alta de la ciudad. Hasta lo alto del campanario sube cada 31 de octubre el Mariquelo en acción de gracias porque nadie murió en Salamanca con el Terremoto de Lisboa en 1755. El Mirador de Ieronimus, situado en las torres de la Catedral de Salamanca, es otro de los puntos clave para contemplar la ciudad desde las alturas. Continuando nuestro recorrido visual vemos la secuoya del claustro del Edificio Histórico de la Universidad (Escuelas Mayores) situada delante de la espadaña de la capilla universitaria. Nuestro recorrido acaba en la gran cúpula de la Iglesia de la Clerecía.
Hacia el norte: La mirada se desliza hacia el Claustro de los Estudios, que se extiende a nuestros pies con su dinámica arquitectura. Detrás del imponente pabellón norte de la Universidad Pontificia, que se alarga por más de cien metros, se despliega una sucesión de monumentos de gran riqueza patrimonial. De izquierda a derecha, destacan la fachada y el cimborrio del Colegio Mayor del Arzobispo Fonseca, la elegante cúpula barroca de la Iglesia de la Purísima, el sobrio ábside gótico del Convento de las Úrsulas y la Iglesia de San Benito. Hacia el noreste, sobresalen la monumental fachada del Ayuntamiento de Salamanca y el campanario de la Iglesia de San Martín de Tours, completando un paisaje urbano de gran riqueza histórica.
Hacia el Este: bajo nuestros pies, se despliega una imagen singular del patio de la Casa de las Conchas visto desde las alturas. Más allá, una mancha verde de arbolado señala la ubicación de la Plaza de Colón, punto de referencia en el paisaje urbano. En torno a ella, destacan la robusta Torre del Clavero, la Iglesia de San Pablo y las dos torres casi gemelas del Palacio de Orellana y de la Torre de los Anaya.
Hacia el sureste: la Calle Palominos nos guía visualmente hasta el majestuoso Convento de San Esteban. Desde esta panorámica, se aprecia en su totalidad la imponente iglesia, con su elegante cimborrio, obra de Rodrigo Gil de Hontañón, y la espléndida fachada esculpida por Juan de Álava. En la escena, asoma detrás una de las torres del Colegio de Calatrava, mientras que, en primer plano, el Convento de las Dueñas deja entrever la delicada galería de su claustro alto, añadiendo un toque de misterio y belleza al conjunto arquitectónico.