POZO DE LA NIEVE
1 horaEl Pozo de Nieve se encuentra en la Avenida del Rector Esperabé, nº 85. Los restos que hoy pueden visitarse en este espacio pertenecieron al Convento de carmelitas calzados de San Andrés. Este convento, levantado en el siglo XVI extramuros de la puerta de San Pablo de Salamanca, quedó prácticamente destruido por la riada de San Policarpo en 1626. El nuevo edificio, reconstruido en el siglo XVII, fue conocido como El Escorial salmantino. Desapareció a mediados del siglo XIX como consecuencia de la Guerra de la Independencia, las desamortizaciones y el trazado de la Carretera de Circuito (Villacastín-Vigo).
De aquel importante conjunto han llegado hasta nuestros días únicamente la capilla de la Orden Tercera del Carmen —actual iglesia del Carmen de Abajo— y varias dependencias de servicio, entre ellas una casa de oficios con tenadas y el propio pozo de nieve, todos ellos edificados en el siglo XVIII.
Después de su descubrimiento y de un minucioso proceso de estudio y restauración, este espacio abrió sus puertas al público el año ----, convirtiéndose en uno de los enclaves más singulares y atractivos de la oferta turística de Salamanca. Se trata de una asombrosa construcción en la que nuestros antepasados almacenaban y conservaban la nieve que traían en carros desde las sierras de Francia y Béjar para convertirla en hielo, que luego utilizaban para para conservar alimentos, fabricar helados o con fines terapéuticos.
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La iglesia de San Andrés se encontraba en uno de los arrabales de la ribera del Tormes, extramuros de la Cerca Nueva y muy próxima a la iglesia de San Polo. Era un entorno urbano degradado, con callejuelas sin empedrar donde convivían tenerías, mataderos, mesones de mala fama y gentes marginales. A esta marginalidad se añadía la presencia de un arroyo, que recogía aguas negras e inmundicias del vecindario y pasaba frente al convento, desembocando en el Tormes pocos metros más adelante.
La iglesia de San Andrés era una modesta construcción de tapial, con cubierta de madera y una sencilla espadaña para las campanas. En torno a ella, a lo largo del siglo XVI, se fueron levantando las dependencias del convento. En su construcción trabajaron Pedro de Lanestosa y Juan del Ribero Rada. En este colegio residió San Juan de la Cruz entre 1564 y 1568
Durante la gran crecida del Tormes la noche de San Policarpo de 1626, el convento quedó prácticamente destruido. Poco después fue reedificado gracias al patrimonio familiar del padre Juan de Orbea, provincial de la orden en Castilla. Las trazas, con plantas y alzado, fueron realizadas por fray Alonso de San José y fray Diego de la Encarnación, prolongándose las obras hasta 1651, fecha en la que se consagró el nuevo edificio.
Los testimonios de quienes lo conocieron antes de su ruina y algunas estampas realizadas durante la Guerra de la Independencia nos permiten saber que se trataba de un edificio de grandes dimensiones, de planta rectangular y con torres en las cuatro esquinas, en el que se apreciaban claras influencias de San Lorenzo de El Escorial.
Desgraciadamente, nada queda hoy de aquella magnífica construcción. Durante la Guerra de la Independencia fue ocupado alternativamente por ambos ejércitos, lo que provocó daños graves. Tras la exclaustración de 1835 y la Desamortización de 1836, el convento fue vendido en pública subasta. Poco después, en la década de 1850, se trazó la llamada Carretera de Circuito, un tramo de la carretera Madrid–Villacastín–Vigo que atravesaba los restos de la iglesia y el claustro. En él se utilizaron los restos del edificio para suavizar la pendiente que subía hasta el Espolón.
De todo aquel conjunto solo han sobrevivido tres edificaciones levantadas en el siglo XVIII: la capilla de la Orden Tercera del Carmen, una casa de oficios y caballerizas y el pozo de nieve. A mediados del siglo XX el pozo de nieve quedó integrado en la fábrica de textiles de Brufau, destinandolo al almacenaje de puntillas. En la década de los noventa fue cedido al Ayuntamiento de Salamanca. Ante el deterioro generalizado que presentaban, las estructuras conservadas fueron restauradas e incorporaradas a la oferta turística de la ciudad. Los restos conservados han sido integradas en un recorrido que comprende el pozo de nieve, un tramo de la muralla, las tenadas, los restos de la torre nordeste del convento y las galerías subterráneas.
Estos restos, aunque anecdóticos dentro del desaparecido monasterio, poseen gran valor artístico e histórico. Se asientan sobre una parcela trapezoidal de unos 700 m², apoyada en la muralla medieval.
. Entrada y patio de recepción El recorrido se inicia en el acceso principal, punto de bienvenida al visitante y primer contacto con la historia del antiguo convento del Carmen Calzado. Aquí se contextualiza la importancia de este enclave dentro de la evolución urbana de Salamanca, especialmente a partir del siglo XIX, cuando la Guerra de la Independencia y la Desamortización transformoron radicalmente el paisaje arquitectónico y social de la ciudad.
En este patio se ofrece una visión general del conjunto monumental. El visitante descubre cómo el convento, fundado en el siglo XV y reconstruido en el XVII, llegó a ser conocido como el “Escorial Salmantino” por su monumentalidad. También se explica cómo, tras su abandono y destrucción, algunos elementos —como el pozo de nieve, la capilla de la Tercera Orden y las casas de oficios— sobrevivieron y hoy permiten reconstruir la memoria del lugar.
El Pozo de Nieve Al cruzar la puerta de acceso, un plano de 1784 —el más antiguo conservado de Salamanca— sitúa al visitante en la ciudad del siglo XVIII, mostrando la localización de los pozos de nieve documentados.
El pozo, construido hacia 1738, se ubicaba en la zona oriental del convento. Una calzada permitía acceder desde la Puerta Nueva hasta su entrada, hoy evocada mediante una celosía que deja pasar una luz tamizada. El interior sorprende por su profundidad —más de siete metros excavados en la roca— y por su bóveda de casquete esférico construida con lajas de pizarra y mortero de cal. Esta profundidad garantizaba el aislamiento térmico necesario para conservar la nieve durante meses. En el nivel inferior se conserva la galería de drenaje, destinada a evacuar el agua del deshielo. La restauración del pozo permitió recuperar la bóveda, los paramentos y la galería inferior, hoy accesible al visitante gracias a un cuidadoso trabajo de limpieza y consolidación.
El pozo abasteció inicialmente al colegio del convento, pero pronto se convirtió en un recurso económico: se arrendó y, tras la exclaustración de 1835, se vendió. En el siglo XX pasó a formar parte de la fábrica de tejidos Brufau, donde se utilizó como almacén de encajes y puntillas.
El uso de la nieve con fines medicinales y para conservar alimentos se conoce desde época antigua, aunque los pozos de nieve se generalizaron a partir del siglo XVI. En Salamanca esta actividad estuvo muy vinculada a conventos y colegios universitarios. La nieve se traía principalmente de la Sierra de Béjar, transportándose en mulos o carros y compactándose en capas alternas de nieve y paja.
Jardín y muralla (Cerca Nueva) Al salir del pozo se accede a un jardín de plantas aromáticas y donde se conserva un tramo original de la Cerca Nueva. Aquí se explica la evolución de los recintos amurallados de Salamanca a lo largo de casi tres milenios: desde la muralla del Cerro de San Vicente en la Primera Edad del Hierro, pasando por la muralla prerromana que defendió el Teso de las Catedrales desde el s.IV a.C., hasta las dos murallas medievales, Cerca Vieja y la Cerca Nueva.
Aunque las murallas hacía siglos que había perdido su función defensiva, se mantuvieron con fines fiscales hasta el siglo XIX. El tramo conservado junto al pozo sobrevivió al decreto de demolición de las murallas gracias a la intervención de la Comisión de Monumentos. Es el único lienzo que conserva su altura original, con las almenas conocidas como los siete picones.; llegó a abarcar 110 hectáreas y contó con 13 puertas.
Planta alta del edificio de oficinas En 1717 se se construyeron en la zona este del convento unas dependencias anexas de servicio -el pozo de nieve y las tenadas- , que han sido los únicos elementos que han perdurado. El edificio de las "tenadas u oficinas" constaba de dos plantas. La superior tuvo que ser reconstruida casi en su totalidad. La intervención en este edificio recupera la volumetría histórica mediante una celosía de ladrillo que reproduce la traza original y genera juegos de luz y sombra. La cubierta de teja a un agua remite a la estructura primitiva. En este espacio se exponen dos paneles: uno con la planimetría del convento y otro con una litografía de 1915 realizada por T. Mitchell, donde se aprecia la fachada meridional y sus cuatro torres inspiradas en el Monasterio de El Escorial.
Planta baja del edificio de oficinas (Casa del Peón Caminero) Aquí se han recuperado los pavimentos originales a partir de un tramo conservado in situ. Los paneles explican los daños sufridos por el convento durante la Guerra de la Independencia, su venta tras la Desamortización y su destrucción definitiva con la apertura de la Carretera de Circuito. Fue utilizada hasta no hace muchos años como vivienda del peón caminero.
Cimientos de la torre noreste En este punto se conservan los cimientos de la torre noreste del convento, cuyo último uso fue como taller de electricidad mecánica. Desde aquí se accede a la bodega que precede a las galerías subterráneas.
Bodega: mitos y leyendas Un panel introduce al visitante en las leyendas asociadas a los subterráneos salmantinos, que desde finales de la Edad Media alimentaron la fama de la ciudad como centro de saberes ocultos. La literatura y los relatos de viajeros difundieron el mito de la Cueva de Salamanca, cuya influencia llegó hasta Hispanoamérica, donde muchas cuevas adoptaron su nombre.
Galerías subterráneas Bajo las tenadas y el pozo se descubrió una red de galerías excavadas en arenisca, de unos 75 metros de longitud y 150 m² de superficie, situadas a 13 metros de profundidad. Cuando se descubrieron estaban anegadas y colmatadas de escombros, por lo que fue necesario acceder a través del pozo de ventilación. Hoy pueden recorrerse mediante escaleras y rampas. Su origen es incierto, aunque probablemente fueron utilizadas como bodegas hasta el siglo XIX. La acción del agua ha dejado coladas, sales carbonatadas y pequeñas estalactitas.
Galería de acceso al pozo El recorrido finaliza con la entrada al pozo desde la galería inferior, excavada en la roca para construir y mantener el conducto de drenaje y para facilitar la limpieza del pozo antes de almacenar la nieve.