RETABLO BARROCO IGLESIA DE SAN ESTEBAN
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Aunque la presencia de los Padres Dominicos en Salamanca se remonta a inicios del siglo XII, el conjunto arquitectónico actual del Convento de San Esteban fue construido entre los siglos XV al XVII, aunque es el plateresco el estilo que mejor define su identidad. Su impresionante fachada está considerada una de las obras cumbre del arte plateresco. Está organizada a modo de un gigantesco retablo, en cuyo centro se representa el martirio de San Esteban. En su interior sobresalen la iglesia, el Claustro de los Reyes, la Escalera de Soto y el coro, adornado con el imponente fresco de Palomino. La iglesia, de una sola nave, con planta de cruz latina, está presidida por un majestuoso retablo, obra realizada por José de Churriguera a finales del siglo XVII.
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Los dominicos se instalaron en Salamanca hacia el año 1224. Su primer convento se encontraba extramuros de la ciudad, en la Iglesia de San Juan el Blanco, situada en la vega del río Tormes. Las frecuentes riadas destruyeron ese convento. Recibieron entonces la donación de un pequeño templo románico dedicado a San Esteban. En el solar ocupado por la iglesia parroquial de San Esteban levantaron a partir de 1256 el primitivo convento gótico, luego derruido para construir el actual, iniciado en 1524.
El Convento de San Esteban fue desde su origen, un importante centro de estudio y docencia de la Teología. Fue un foco cultural de primer orden con figuras de la talla de Domingo de Soto o Francisco de Vitoria, iniciador de la Escuela de Salamanca, padre del Derecho Internacional y defensor derechos de los indígenas de americanos.
Cristóbal Colón acudió a este convento entre 1486 y 1487 en busca de apoyo para sus viajes. Aquí fue acogido por el prior, fray Diego de Deza, confesor de la reina Isabel, que se convertirá en su gran benefactor.
En este lugar, Santa Teresa de Jesús recibió orientación espiritual, y se cuenta que solía confesarse en uno de los confesonarios del claustro. San Ignacio de Loyola pasó cinco días conviviendo con los frailes del convento que le examinaron de su doctrina. Cuando salió del convento fue conducido a la cárcel del obispado. La restricción de predicar sin haber completado sus estudios de teología lo impulsó a dejar la ciudad y trasladarse a París para continuar con su formación.
Durante la Guerra de la Independencia, el convento fue ocupado por los franceses, quienes saquearon todos sus objetos de valor y utilizaron el claustro como caballerizas. El Decreto de Exclaustración de 1835 obligó a los frailes a abandonar el convento. Algunos de los edificios del conjunto monacal se utilizaron como cuartel y enfermería. El mobiliario y la biblioteca del convento fueron expoliados. En cambio, la iglesia siguió abierta ya que fue convertida durante un tiempo en parroquia de San Pablo. En 1861 se instaló en el Claustro de Procesiones el Museo provincial, lo que propició su reforma. Desde 1892 volvió a funcionar como convento de la Orden de Predicadores. Actualmente existe una comunidad de frailes dedicados al estudio, la predicación y la docencia de la Teología. Tiene Facultad de Teología y una editorial centrada en temas dominicanos y en el humanismo cristiano.
El promotor de la actual iglesia de San Esteban fue el Cardenal Juan Álvarez de Toledo, hijo del II Duque de Alba y tío del III Duque de Alba, que fue fraile de este convento. La iglesia fue diseñada por el arquitecto Juan de Álava. Sus obras comenzaron en 1524 bajo la dirección de dicho arquitecto para, posteriormente, ser continuadas por Rodrigo Gil de Hontañón y Juan Ribero, consagrándose en 1610. Es una iglesia de nave única con planta de cruz latina. El presbiterio, más elevado que el resto de la iglesia, está presidido por el grandioso retablo realizado a finales del s. XVII (1692-93) por José de Churriguera, considerado uno de los retablos más importantes del barroco español.
El contrato con Churriguera incluía la arquitectura del retablo y las esculturas, pero no el dorado ni la policromía de las imágenes, que fueron contratados en 1739, especificándose que los maestros doradores debían utilizar pan de oro de la mayor pureza. Este retablo terminó siendo el prototipo del retablo español entre mediados del XVII y el último tercio del XVIII. Se convirtió, no sólo en la obra más importante de José de Churriguera, sino en obra cumbre del arte de la retablística española, convirtiéndose en modelo que se repetirá a lo largo y ancho del territorio español e hispanoamericano.
El Convento de San Esteban fue desde su origen, un importante centro de estudio y docencia de la Teología. Fue un foco cultural de primer orden con figuras de la talla de Domingo de Soto o Francisco de Vitoria, iniciador de la Escuela de Salamanca, padre del Derecho Internacional y defensor derechos de los indígenas de americanos.
Cristóbal Colón acudió a este convento entre 1486 y 1487 en busca de apoyo para sus viajes. Aquí fue acogido por el prior, fray Diego de Deza, confesor de la reina Isabel, que se convertirá en su gran benefactor.
En este lugar, Santa Teresa de Jesús recibió orientación espiritual, y se cuenta que solía confesarse en uno de los confesonarios del claustro. San Ignacio de Loyola pasó cinco días conviviendo con los frailes del convento que le examinaron de su doctrina. Cuando salió del convento fue conducido a la cárcel del obispado. La restricción de predicar sin haber completado sus estudios de teología lo impulsó a dejar la ciudad y trasladarse a París para continuar con su formación.
Durante la Guerra de la Independencia, el convento fue ocupado por los franceses, quienes saquearon todos sus objetos de valor y utilizaron el claustro como caballerizas. El Decreto de Exclaustración de 1835 obligó a los frailes a abandonar el convento. Algunos de los edificios del conjunto monacal se utilizaron como cuartel y enfermería. El mobiliario y la biblioteca del convento fueron expoliados. En cambio, la iglesia siguió abierta ya que fue convertida durante un tiempo en parroquia de San Pablo. En 1861 se instaló en el Claustro de Procesiones el Museo provincial, lo que propició su reforma. Desde 1892 volvió a funcionar como convento de la Orden de Predicadores. Actualmente existe una comunidad de frailes dedicados al estudio, la predicación y la docencia de la Teología. Tiene Facultad de Teología y una editorial centrada en temas dominicanos y en el humanismo cristiano.
El promotor de la actual iglesia de San Esteban fue el Cardenal Juan Álvarez de Toledo, hijo del II Duque de Alba y tío del III Duque de Alba, que fue fraile de este convento. La iglesia fue diseñada por el arquitecto Juan de Álava. Sus obras comenzaron en 1524 bajo la dirección de dicho arquitecto para, posteriormente, ser continuadas por Rodrigo Gil de Hontañón y Juan Ribero, consagrándose en 1610. Es una iglesia de nave única con planta de cruz latina. El presbiterio, más elevado que el resto de la iglesia, está presidido por el grandioso retablo realizado a finales del s. XVII (1692-93) por José de Churriguera, considerado uno de los retablos más importantes del barroco español.
El contrato con Churriguera incluía la arquitectura del retablo y las esculturas, pero no el dorado ni la policromía de las imágenes, que fueron contratados en 1739, especificándose que los maestros doradores debían utilizar pan de oro de la mayor pureza. Este retablo terminó siendo el prototipo del retablo español entre mediados del XVII y el último tercio del XVIII. Se convirtió, no sólo en la obra más importante de José de Churriguera, sino en obra cumbre del arte de la retablística española, convirtiéndose en modelo que se repetirá a lo largo y ancho del territorio español e hispanoamericano.
El retablo mayor de la Iglesia de San Esteban fue construido por José Benito de Churriguera entre 1692 y 1694. En el contrato se especifica que el material empleado debía de ser pino de Soria o de Balsaín además de las cien vigas regaladas al convento por el Duque de Alba. Responde al modelo de retablo-hornacina que se adapta al perfil poligonal de la capilla mayor. Es el retablo más grande de los conservados en Salamanca, con unos 26 metros de altura por 14 metros de ancho. Consta de sotabanco, predela, cuerpo central con tres calles y ático semicircular.
Se levanta sobre un elevado basamento en el que se abren sendas puertas laterales que dan acceso a la antigua cripta. El cuerpo central está articulado con seis grandes columnas salomónicas de orden gigante, decoradas con pámpanos y hojas de vid, símbolos de la eucaristía. En las calles laterales, entre las columnas, se abren sendos nichos con las esculturas de Santo Domingo de Guzmán, en el lado de la Epístola, y de San Francisco de Asís, en el del Evangelio. El centro del retablo lo preside el gran expositor del Santísimo Sacramento, que ocupa toda la calle central, con la misma altura de las columnas. El sagrario-tabernáculo semeja un templete, con columnas salomónicas que sostienen una gran cúpula , sobre la que se alza una pequeña imagen de Santo Tomás de Aquino. Un lienzo con la imagen de la Asunción de la Virgen, de casi tres metros de altura, cerraba el tabernáculo, tela que podía subirse y bajarse gracias a un sistema de poleas. Hoy se encuentra expuesta en una de las salas del convento.
En el centro del ático figura el cuadro de la Lapidación de San Esteban, pintado por Claudio Coello, que representa la misma escena que aparece en la fachada del templo. En los laterales dos ángeles portan la palma y la corona del martirio, en alusión al martirio padecido por el santo, considerado el primer mártir del cristianismo. Sobre el cuadro se sitúan dos ángeles que portan la corona de laurel, símbolo de la victoria sobre la muerte.
La decoración del retablo se completa con múltiples figuras de angelitos y, sobre todo, con una exuberante talla de sartas de frutas y elementos vegetales. Pámpanos y gruesos racimos de uva se enredan a las columnas para ascender hasta el capitel. Flores, hojas y frutos forman guirnaldas con las que se recubren las molduras y los arcos de las hornacinas. Los cortinajes, con sus pliegues, ondulaciones y borlas también sirven de motivo decorativo. Ángeles de distintos tamaños sobrevuelan el retablo y reposan en equilibrio inestable sobre las cornisas, generando la impresión de movimiento en el conjunto. Estas imágenes constituyen un toque de color sobre el fondo dorado. El dorado fue de tal calidad que aún se presenta en perfecto estado de conservación. La colocación solemne del Santísimo se realizó en 1740 con misa solemne y la quema de fuegos artificiales.
Se levanta sobre un elevado basamento en el que se abren sendas puertas laterales que dan acceso a la antigua cripta. El cuerpo central está articulado con seis grandes columnas salomónicas de orden gigante, decoradas con pámpanos y hojas de vid, símbolos de la eucaristía. En las calles laterales, entre las columnas, se abren sendos nichos con las esculturas de Santo Domingo de Guzmán, en el lado de la Epístola, y de San Francisco de Asís, en el del Evangelio. El centro del retablo lo preside el gran expositor del Santísimo Sacramento, que ocupa toda la calle central, con la misma altura de las columnas. El sagrario-tabernáculo semeja un templete, con columnas salomónicas que sostienen una gran cúpula , sobre la que se alza una pequeña imagen de Santo Tomás de Aquino. Un lienzo con la imagen de la Asunción de la Virgen, de casi tres metros de altura, cerraba el tabernáculo, tela que podía subirse y bajarse gracias a un sistema de poleas. Hoy se encuentra expuesta en una de las salas del convento.
En el centro del ático figura el cuadro de la Lapidación de San Esteban, pintado por Claudio Coello, que representa la misma escena que aparece en la fachada del templo. En los laterales dos ángeles portan la palma y la corona del martirio, en alusión al martirio padecido por el santo, considerado el primer mártir del cristianismo. Sobre el cuadro se sitúan dos ángeles que portan la corona de laurel, símbolo de la victoria sobre la muerte.
La decoración del retablo se completa con múltiples figuras de angelitos y, sobre todo, con una exuberante talla de sartas de frutas y elementos vegetales. Pámpanos y gruesos racimos de uva se enredan a las columnas para ascender hasta el capitel. Flores, hojas y frutos forman guirnaldas con las que se recubren las molduras y los arcos de las hornacinas. Los cortinajes, con sus pliegues, ondulaciones y borlas también sirven de motivo decorativo. Ángeles de distintos tamaños sobrevuelan el retablo y reposan en equilibrio inestable sobre las cornisas, generando la impresión de movimiento en el conjunto. Estas imágenes constituyen un toque de color sobre el fondo dorado. El dorado fue de tal calidad que aún se presenta en perfecto estado de conservación. La colocación solemne del Santísimo se realizó en 1740 con misa solemne y la quema de fuegos artificiales.