CONVENTO DE SANTA CLARA
1 horaEl Convento de Santa Clara es el más antiguo de los monasterios femeninos conservados en la ciudad. Su origen se remonta a la primera mitad del siglo XIII cuando un grupo de mujeres de la nobleza deciden unirse en comunidad para para vivir ascéticamente y protegerse cuando sus maridos iban a la guerra. Se establecieron en la ermita de Santa María, dando lugar al beaterio de Dueñas de Santa María. Con el paso de los años, y gracias a privilegios de papas y reyes, se convirtió en el Real Monasterio de Santa Clara. Este convento ha sido el hogar de la comunidad de Clarisas durante aproximadamente ochocientos años. El año 2019 las religiosas dejaron este lugar para instalarse en otros monasterios de la orden.
Se trata un espacio emblemático reconvertido hoy en Museo de pintura medieval de Santa Clara. En él se muestra el gran legado espiritual, artístico e histórico que ha preservado el convento a lo largo de los siglos. En el recorrido por el monasterio el visitante puede contemplar un nutrido número de obras de arte que nos acercan a la vida y espiritualidad de la comunidad de monjas clarisas. Lo más destacado son las pinturas medievales que recubren los muros del coro bajo, el claustro, la iglesia barroca y el excepcional artesonado medieval que fue descubierto de forma accidental sobre la bóveda barroca de la iglesia en los años setenta del siglo XX. La posterior restauración recibió en 1988 el Premio Europa Nostra de Conservación del Patrimonio.
Precio visita libre
- Individual - 8.00 €
- Mayores de 65 - 5.00 €
- Jovenes - 5.00 €
- Grupos (Número mínimo: 15) - 4.00 €
- Niños (Edad máxima: 12) - 0.00 €
- Discapacitados - 0.00 €
En la ladera del llamado Alto de San Cristóbal, al este del casco antiguo de Salamanca, se encuentra el Real Convento de Santa Clara. Sus orígenes se remontan entorno al año 1220, cuando varios grupos de mujeres —principalmente esposas e hijas de nobles y caballeros que se encontraban en las campañas bélicas— comenzaron a reunirse en beateríos y ermitas en busca de apoyo y protección. Uno de estos grupos, encabezado por doña Urraca, viuda de Fernando II de León, se estableció en el beaterío de la ermita de Santa María.
La construcción del monasterio debió iniciarse hacia 1230, y su iglesia quedó concluida entre los años 1245 y 1250. Ese mismo año, la comunidad adoptó el nombre de “freylas de Santa María”, vinculándose a la orden de San Damián fundada por Santa Clara de Asís y pasando a observar la regla franciscana. A finales del siglo XIII, el rey Sancho les concedió el título de “Real Monasterio de Santa Clara”.
A lo largo de su historia, el edificio sufrió numerosas transformaciones. En 1413 un grave incendio destruyó parte del convento, lo que motivó su reconstrucción durante los siglos XV y comienzos del XVI. De esta etapa datan la portada gótica de la iglesia, situada en la calle Santa Clara, enmarcada por un alfiz y coronada por la hornacina con la escultura pétrea de Santa Clara, así como varias ventanas apuntadas situadas en el coro alto.
Entre mediados del siglo XVII y la segunda mitad del XVIII se llevaron a cabo importantes obras de ampliación y reestructuración: se construyeron tres de las galerías del claustro, se restauraron la iglesia, la sacristía y las salas del coro y se levantó el torreón-mirador. Posteriormente, siguiendo el proyecto de Andrés García de Quiñones, se edificó la fachada principal del monastrio y se realizó la llamada “obra nueva”, que reorganizó la zona occidental del edificio y abrió salida a la plaza de San Román. En este periodo se construyó también la falsa bóveda de ladrillo, enlucida en yeso, que cubrió la sala del coro bajo durante más de dos siglos.
Durante la Guerra de la Independencia, las religiosas se vieron obligadas a abandonar el convento que fue ocupado por las tropas francesas. Los elevados impuestos derivados del conflicto y posteriormente, la Desamortización de Mendizábal, arruinaron el patrimonio del monasterio, que atravesó entonces su etapa más difícil. Aun así, la comunidad logró sobrevivir hasta tiempos recientes. En 2019, ante la falta de vocaciones y la avanzada edad de las últimas religiosas, estas fueron trasladadas a otros conventos de la orden.
A comienzos de los años setenta, diversas obras impulsadas por la comunidad de religiosas sacaron a la luz varios hallazgos excepcionales. En 1973, durante la reparación del tejado, se descubrieron las techumbres originales de la iglesia, ocultas desde el siglo XVIII bajo la falsa bóveda construida por Joaquín de Churriguera. Poco después apareció un notable conjunto de pinturas murales que recubrían los muros del coro bajo, datadas entre los siglos XIII al XVIII, que habían permanecido cubiertas por capas de cal durante siglos.
La posterior restauración del artesonado y de las pinturas recibió el Premio Europa Nostra de Conservación del Patrimonio. En 1989 estos espacios se abrieron al público como museo, conviviendo aún con la vida conventual. Tras la marcha de las religiosas en 2019, el conjunto pasó a convertirse en el Museo de Pintura Medieval de Santa Clara.
La visita al museo comienza en el coro bajo, donde se conservan unos impresionantes murales que cubren por completo las paredes y representan diversas escenas religiosas. Los más antiguos se remontan al siglo XIII, convirtiendo este espacio en uno de los conjuntos pictóricos más importantes de la región.
El recorrido continúa en La iglesia, que alberga siete retablos, entre ellos uno realizado por Joaquín de Churriguera, ejemplo destacado del barroco salmantino.
Desde allí se accede alclaustro, adornado con un hermoso artesonado. En este espacio han salido a la luz varias pinturas murales, entre las que destaca la del Milagro de la Palmera, una escena de la vida de Jesús narrada en los Evangelios apócrifos. También se expone un Cristo crucificado del siglo XV, junto con otras piezas artísticas de gran interés.
La visita prosigue hacia el coro alto, donde se muestra una amplia colección de objetos vinculados a la vida cotidiana de las monjas del convento, ofreciendo una mirada íntima a su día a día.
Desde este punto se accede al artesonado primitivo de la iglesia, probablemente uno de los más antiguos conservados en España.
El recorrido culmina en el mirador del torreón, un espacio privilegiado desde el que se disfrutan magníficas vistas de la ciudad, un broche final que permite contemplar Salamanca desde una perspectiva poco habitual.
EL CORO BAJO: Se trata de una sala rectangular de unos 29 por 10 metros, situada a los pies de la iglesia y comunicada con ella mediante una puerta abierta en el muro que las separa. A comienzos de los años setenta, durante unas obras de albañilería, salió a la luz un impresionante conjunto de pinturas murales que recubrían sus paredes y que había permanecido oculto bajo sucesivas capas de cal.
La remodelación del coro en el siglo XVI supuso la destrucción parcial de las pinturas originales. En ese momento se construyeron los arcos fajones escarzanos, apoyados sobre pilares que dividieron la sala en seis tramos y cortaron parte de las escenas pintadas en los muros. Las enjutas de estos arcos están decoradas con veinte magníficos medallones que representan santos, mártires y clérigos, considerados entre los de mayor calidad artística de la ciudad.
Hoy es posible admirar un espléndido conjunto pictórico que, tanto por sus dimensiones —unos 140 m²— como por el amplio periodo que abarca, constituye una magnífica colección de pintura gótica, renacentista y barroca, realizada entre los siglos XIII y XVIII. Las obras están ejecutadas al fresco y al temple, y en menor medida al óleo, y representan diversas escenas de carácter religioso: santos franciscanos como San Francisco de Asís o Santa Clara; Padres de la Iglesia; martirios de santos —como los de San Pedro, San Damián o San Bartolomé—; así como pasajes del Antiguo y del Nuevo Testamento, entre ellos el Sacrificio de Isaac, Jesús bendiciendo a la Magdalena o la duda de Santo Tomás.
GALERÍA SEPTENTRIONAL DEL CLAUSTRO Es la galería más antigua del claustro. Se sostiene sobre seis columnas con capiteles románicos decorados con motivos vegetales, rostros humanos muy toscos y circunferencias concéntricas. Se ha señalado que pudo formar parte del pórtico de la primitiva ermita de Santa María, origen del actual convento. La galería está cubierta por un hermoso alfarje policromado del siglo XVI. Las losas del pavimento, por su parte, recuerda que en este espacio se ubicó el antiguo cementerio conventual.
La galería funciona hoy como un pequeño museo, con hornacinas y altares adornados con delicados azulejos talaveranos. Entre las piezas expuestas destacan un Cristo Crucificado de madera del siglo XV, de estilo gótico-bizantino; un tríptico dedicado a San Juan Bautista; y un arcosolio plateresco que alberga una pintura renacentista con en la que se representa a Santa Ana, la Virgen con el Niño y San Pablo.
Las intervenciones más recientes permitieron recuperar varias pinturas murales que habían permanecido ocultas bajo capas de cal. Entre ellas se encuentran una representación del Milagro de la palmera durante la huida a Egipto y otra dedicada a María Magdalena.
Las otras tres galerías del claustro fueron construidas en los siglos XVII y XVIII. Hasta hace pocos años se conservaban en este patio las dos encinas más longevas de la ciudad. La más antigua, con casi 1.200 años, tuvo que ser talada en 2014. La otra, aún en pie, se remonta al siglo XIII, coincidiendo con los orígenes del convento.
LA IGLESIA La iglesia del convento de Las Claras consta de una única nave de planta rectangular. Al exterior aún conserva vestigios de la antigua construcción gótica. La puerta, con arco apuntado de piedra está enmarcada por un sencillo alfiz. Sobre ella, una hornacina acoge la imagen de Santa Clara.
El interior fue sometido a una profunda transformación a principios del siglo XVIII. Bajo la techumbre original de madera se realizó una falsa bóveda de lunetos, construida en ladrillo recubierto de yeserías con una prolija decoración barroca.
La iglesia tiene siete retablos barrocos, cuyo resplandor dorado parece iluminar el templo al ingresar en su interior. El retablo mayor fue encargado en 1701 a Joaquín de Churriguera y Pedro de Gamboa. Aunque de dimensiones más reducidas, este retablo guarda estrecha relación con el que su hermano José realizó para la iglesia de San Esteban. Tallado en madera sobredorada con pan de oro se compone de una predela, un cuerpo central y un ático, coronado por una peineta decorada con un querubín. El cuerpo central del retablo se articula en tres calles delimitadas por columnas salomónicas decoradas con racimos de uvas y hojas de parra que cubren casi por completo su superficie. En la hornacina central se encuentra la imagen de Santa Clara de Asís con la custodia, mientras que en el ático se sitúa la figura de la Inmaculada. Las hornacinas de las calles laterales albergan las esculturas de San Francisco de Asís y San Antonio de Padua.
Los altares laterales, del mismo estilo que el mayor, aunque de menores dimensiones, están dedicados a San Buenaventura, el Calvario, Santa Catalina de Bolonia, San Juan Bautista y Nuestra Señora del Rosario.
EL CORO ALTO En el coro alto, se exhiben numerosas obras del propio convento junto a otras procedentes de conventos como las Úrsulas de Salamanca o el de Santa Clara de Ciudad Rodrigo.
LAS TECHUMBRES ORIGINALES Cuando a principios del siglo XVIII Joaquín Churriguera construyó la falsa bóveda de ladrillo que cubre la iglesia, respetó los artesonados primitivos. El descubrimiento de estas magníficas techumbres tuvo lugar en 1973, cuando se efectuaban trabajos de reparación en el tejado de la iglesia. Estos artesonados, se encontraban muy deteriorados por lo que se procedió a su total restauración, consolidando su estructura, protegiendo la madera y limpiando y preservando su policromía.
Gracias a un ingenioso e inédito sistema de pasarelas y puentes metálicos instalados durante la restauración de 1988, podemos admirar de cerca sus diferentes artesonados. La techumbre se compone de tres partes que pertenecen a distintas épocas, por lo que su estudio resulta de gran interés para conocer la evolución estilística de la carpintería de lo blanco:
El artesonado primitivo, confeccionado en par y nudillo, constituye la mayor parte de la techumbre. El arrocabe de esta armadura y sus cuadrales están profusamente decorados con una gran variedad de emblemas y escudos que constituyen la más extensa y completa colección conservada en la ciudad. Junto a ellos se pintaron motivos vegetales, formas geométricas o animales fantásticos, como dragones y arpías.
En un primer momento se pensó que estos escudos pertenecían a familias de nobles salmantino que habrían sido benefactoras del convento. Recientes investigaciones interpretan los aproximadamente 150 escudos representados en ella como una crónica de la historia de la unión de los Reinos de Castilla y de León, bajo el liderazgo de la Reina Berenguela de Castilla. Según este estudio los acontecimientos históricos reflejados a través de la heráldica en la techumbre de Las Claras narrarían episodios históricos acaecidos en el periodo comprendido entre los años en 1204 y 1242.
La propia Berenguela habría concebido esta crónica, en la que, además de los emblemas que evocan a sus ancestros maternos —los Plantagenet y los duques de Aquitania—, se representarían episodios decisivos de su vida y de la historia de los dos reinos. Entre ellos figurarían la proclamación como rey de Castilla de su hijo primogénito, Fernando III el Santo; así como la muerte de Alfonso IX y los posteriores conflictos sucesorios por el trono leonés entre sus descendientes. El relato culminaría con el compromiso matrimonial de su nieto, el futuro Alfonso X el Sabio, con Violante, infanta de Aragón.
La zona de techumbre correspondiente a la cabecera data de finales de siglo XV o inicios del XVI, cuando se intentó sustituir el primitivo artesonado, trabajos que no se concluyeron a causa de errores de cálculo que motivando su desplazamiento hacia el muro norte que amenazaron con el desmoronamiento de la estructura. Es una hermosa techumbre apeinazada, de lacería.
EL MIRADOR : Desde el coro alto se accede al torreón, edificado entre los años 1727 y 1728. Desde aquí se despliega ante nosotros una vista excepcional del Teso de las Catedrales. En este imponente escenario, sobresalen la silueta de la Catedral Nueva y la del Real Colegio del Espíritu Santo, dominando el horizonte y conformando un conjunto arquitectónico de sobrecogedora belleza.