PARQUE BOTÁNICO DE HUERTA OTEA
1 horaEl Parque Botánico de Huerta Otea es un amplio espacio verde situado en la margen derecha del río Tormes, a ambos lados del puente de la Universidad.
Ocupa unas nueve hectáreas en las que crecen más de sesenta especies de plantas, muchas de ellas presentes en la provincia de Salamanca, junto a ejemplares procedentes de otras partes del mundo. El parque está atravesado por largos paseos con numerosos bancos para descansar y disfrutar del entorno. Además, cuenta con una zona de juegos infantiles, un laberinto vegetal, un jardín zen y una escuela de arces. A lo largo del recorrido pueden verse varias esculturas, entre ellas una dedicada a la maternidad —que representa a una madre jugando con sus cinco hijos— y otra en memoria de los bebés fallecidos durante la gestación.
El acceso es cómodo: a la entrada hay una amplia zona de aparcamiento y el carril bici de la ciudad pasa justo por la puerta principal, lo que facilita la llegada tanto a pie como en bicicleta. Como curiosidad, junto al parque se encuentra un pequeño helipuerto utilizado por los helicópteros del servicio de emergencias 112.
Con el tiempo, el Ayuntamiento de Salamanca adquirió la finca con la intención de transformarla en un parque botánico. La construcción del nuevo espacio comenzó en el año 2000, con el objetivo de recuperar para el uso público una zona de ribera que entonces se encontraba muy degradada. El parque fue inaugurado en 2004, pero no llegó a convertirse en el gran jardín botánico que se había proyectado inicialmente.
Situado a orillas del río Tormes, la remodelación del parque de Huert Otea forma parte del gran proyecto medioambiental Tormes+, cuyo objetivo es poner en valor el patrimonio natural del río y su entorno. Esta renovación lo ha convertido en una de las zonas verdes y de ocio más destacadas de la ciudad. La actuación ha permitido recuperar este espacio como un referente no solo en biodiversidad, sino también en eficiencia energética, sostenibilidad y educación ambiental.
Accesos y entorno El parque dispone de una zona de aparcamiento que facilita la llegada en coche. También cuenta con acceso directo al carril bici, lo que lo convierte en un destino ideal para quienes se desplazan en bicicleta. Junto al parque se encuentra un pequeño helipuerto utilizado por los helicópteros del 112.
Al cruzar la entrada, el ambiente cambia por completo: el ruido urbano se atenúa y aparece un espacio amplio, luminoso y sorprendentemente tranquilo. A lo largo del recorrido, los bancos invitan a detenerse, leer o simplemente disfrutar del silencio.
A ambos lados de los senderos se extienden zonas ajardinadas con más de 60 especies de plantas. Muchas proceden de distintos puntos de la provincia de Salamanca, mientras que otras provienen de diferentes regiones del mundo, convirtiendo el parque en un pequeño laboratorio botánico al aire libre.
- Vegetación mediterránea: encinas, romeros, jaras y otras especies resistentes a la sequía, representativas del paisaje típico de Castilla y León.
- Vegetación atlántica: robles, helechos y avellanos que requieren mayor humedad, creando un ambiente fresco y sombrío.
- Vegetación de ribera: chopos, sauces y alisos propios de las orillas del Tormes, formando corredores verdes característicos de los ríos salmantinos.
- Vegetación urbana: plátanos de sombra, tilos, arces y otras especies habituales en calles y parques, que permiten comprender su papel en el bienestar urbano.
Aula de las energías En esta zona, paneles explicativos introducen al visitante en el mundo de las energías renovables, su funcionamiento y sus beneficios ambientales.
Invernadero Completando este conjunto botánico se encuentra el invernadero, dotado de un moderno sistema de climatización -pantallas de sombreo, control automatizado de temperatura y humedad y una conexión a la caldera de biomasa del Aula Ambiental- que garantiza un entorno sostenible y eficiente donde proteger la colección de naranjos durante todo el año.
Jardín Zen Junto al invernadero se encuentra el jardín zen, un espacio de calma inspirado en la estética japonesa: grava rastrillada, piedras cuidadosamente dispuestas y plantas de porte sencillo. Es un rincón perfecto para leer, meditar o simplemente descansar.
Espiral de aromáticas Muy cerca se sitúa la espiral de plantas aromáticas, diseñada en forma ascendente para que cada especie reciba la luz y humedad que necesita. Al pasear junto a ella, el aire se impregna de aromas de romero, lavanda, tomillo o salvia.
Arcos florales El camino continúa hasta los arcos florales, estructuras cubiertas por plantas trepadoras que transforman su aspecto con el paso de las estaciones. En este tramo del recorrido destaca una pérgola cubierta de glicinias, que en primavera se llena de racimos colgantes de color violeta. A su alrededor, los paseos se adornan con rosales, bignonias, madreselvas, pasifloras y falso jazmín, que en primavera y verano ofrecen un estallido de flores y aromas. Es, sin duda, uno de los rincones más fotogénicos del parque.
Charca temporal: un pequeño humedal que solo retiene agua en determinadas épocas del año. Es fundamental para la reproducción de anfibios y otros pequeños animales.
Charca permanente: situada tras pasar bajo el puente de la Universidad. Más grande y estable, alberga aves acuáticas, libélulas y vegetación adaptada al agua constante.
Laberinto vegetal Uno de los espacios más llamativos del parque. Sus setos forman pasillos y giros que invitan a jugar y perderse en su interior. Es un lugar pensado para todas las edades y perfecto para disfrutar del entorno de forma lúdica.
Escuela de Arces La Escuela de Arces es uno de los espacios más destacados del parque. Reúne diversas especies e híbridos de arces —autóctonos y alóctonos— que ofrecen un espectáculo cromático especialmente bello en otoño.
El área está organizada como un pequeño itinerario botánico con carteles identificativos. Entre las especies más comunes se encuentran el arce campestre, el sicómoro, el arce real, el negundo y el arce japonés. Es un auténtico aula al aire libre para aprender a distinguirlos y apreciar sus diferencias. Este espacio resulta especialmente atractivo para fotógrafos, amantes de la botánica y visitantes curiosos que disfrutan observando cómo cambia el paisaje a lo largo del año.
La fauna del parque La actuación realizada en Huerta Otea también busca proteger y dar a conocer la fauna del entorno. A lo largo del año pueden observarse garzas, ánades, peces e insectos que habitan en las orillas del Tormes. El murmullo del agua y el canto de las aves convierten cada paseo en una experiencia sensorial.
Se han instalado cajas nido para distintas especies de aves y un hotel de insectos, diseñado para ofrecer refugio y favorecer la reproducción de abejas, mariquitas, mariposas, polillas, escarabajos y otros polinizadores.
Alrededores de Huerta Otea Quienes deseen prolongar el recorrido pueden continuar en dirección suroeste hasta llegar a la pasarela ciclopeatonal Tejares–Huerta Otea, que conduce a los huertos urbanos. También es posible seguir la vereda del río hasta la noria de sangre. Es una ruta perfecta para disfrutar con mascotas y descubrir cómo naturaleza y ciudad conviven en equilibrio.
A lo largo del recorrido se han situado varias esculturas que amenizan el recorrido por el parque:
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La escultura dedicada a La maternidad, de Marino Amaya, en la que se representa a una madre jugando con sus 5 hijos.
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La obra Amar sin latido, de Jesús García Trapiello, abuelo de un nieto fallecido durante la gestión, situada junto al estanque del parque.